Metáfora 01/12/09 | comments
Hace mucho una amiga me pidió que le diese una mano para armar uno de esos tests de Facebook. Esos para hacerles preguntas a tus amigos para ver cuánto te conocen.
Muy pocas preguntas definen lo que es una persona. Creo que ninguna lo termina de hacer, en realidad; pero se me ocurrió una bastante ilustrativa:
Estás en una habitación con otra persona (que nunca antes habías visto), los dos muriéndose de hambre. En la habitación no hay más que un plato de comida que no puede ser dividido y puede salvar sólo a uno de los dos. ¿Qué hacés?
Las opciones que le dije para el test fueron:
Ahora elegí alguna de esas cuatro y pensá en por qué la elegiste.
¿Listo? Ahora leé.
Si alguien eligiese la primera opción, dudaría de que me está diciendo la verdad. Ninguno de los dos se va a poner a hablar sobre quién tiene que morirse y va a estar de acuerdo con el otro. Es utópico. Palabra fina para imposible.
La segunda opción es la verdadera cara de la primera. Me gustó ponerlas juntas porque realmente deben existir personas a las que les parezcan distintas. O será que yo no entiendo nada.
Me extrañaría completamente que alguien elija la tercera. Por estadística... existe, pero no puede ser. ¿Alguien me dice lo contrario? Nadie se deja morir, va en contra del instinto.
¿Que cúal elijo yo? La última. La comida, el plato, la persona. Todo me como. Nacimos animalitos. Morimos animalitos. Survival of the fittest.
Muy pocas preguntas definen lo que es una persona. Creo que ninguna lo termina de hacer, en realidad; pero se me ocurrió una bastante ilustrativa:
Estás en una habitación con otra persona (que nunca antes habías visto), los dos muriéndose de hambre. En la habitación no hay más que un plato de comida que no puede ser dividido y puede salvar sólo a uno de los dos. ¿Qué hacés?
Las opciones que le dije para el test fueron:
- Charlar con la otra persona para ver quién "realmente" merece el plato.
- Charlar con la otra persona con ánimos de convencerla de que no se merece el plato.
- Dejarle el plato a la otra persona.
- Comerse el plato de comida, sin preguntas. Y si hace falta pelear... bueno.
Ahora elegí alguna de esas cuatro y pensá en por qué la elegiste.
¿Listo? Ahora leé.
Si alguien eligiese la primera opción, dudaría de que me está diciendo la verdad. Ninguno de los dos se va a poner a hablar sobre quién tiene que morirse y va a estar de acuerdo con el otro. Es utópico. Palabra fina para imposible.
La segunda opción es la verdadera cara de la primera. Me gustó ponerlas juntas porque realmente deben existir personas a las que les parezcan distintas. O será que yo no entiendo nada.
Me extrañaría completamente que alguien elija la tercera. Por estadística... existe, pero no puede ser. ¿Alguien me dice lo contrario? Nadie se deja morir, va en contra del instinto.
¿Que cúal elijo yo? La última. La comida, el plato, la persona. Todo me como. Nacimos animalitos. Morimos animalitos. Survival of the fittest.
Señal de vejez #33 25/11/09 | comments
Kamchatka 13/11/09 | comments
Hola, soy Matías y tengo un problema con la fonética de las palabras.
Me gusta. Las mido por lindas o feas. Y a las lindas las repito en mi cabeza un par de veces. En mi cabeza y adelante de los que ya me conocen también, un poquito.
Y nada de mirarme raro, carajo. El título del post suena feo, o no? Decilo: kamchatka. Ugh.
Mirá, probá. Leé de corrido:
No suena... LINDO?!
Me gusta. Las mido por lindas o feas. Y a las lindas las repito en mi cabeza un par de veces. En mi cabeza y adelante de los que ya me conocen también, un poquito.
Y nada de mirarme raro, carajo. El título del post suena feo, o no? Decilo: kamchatka. Ugh.
Mirá, probá. Leé de corrido:
Domingo Sábado Viernes Jueves Miércoles Martes Lunes
No suena... LINDO?!
Cerebro > Corazón 07/11/09 | comments
Mi intento estéril por ver al mundo como resultado de una serie de ecuaciones y funciones es cada vez más débil. Igual, eso no quita que no siga en la lucha y que todos los días no me quiera escribir una o dos formulitas para tratar de, por lo meeenos, predecir un par de movimientos. ¡Hola, matemática caótica! ¿Qué tal?
Y hablando de sentimientos, he encontrado una forma espectacular de burlar las mañitas que vienen del corazón. Por lo menos por ahora.
Primero hay que diferenciar lo que sale de la cabeza de lo que sale del pecho. Los estímulos son distintos. Sí, distintos. La diferencia principal es que a unos (los de arriba) se los puede escuchar, se los puede describir. Tener ideas o pensar en cosas se puede pasar a palabras sin mínimo problema. Se podría decir que uno las "escucha" de alguna forma cuando suceden. Piensen en la última vez que resolvieron un problema. Con números, por ejemplo. Prestando atención... "La raíz de X la paso para el otro lado como potencia, ahora a Y la vuelvo y la sumo con blablabla". Entendiste.
En cambio, lo que viene de adentro no tiene explicación. No hay forma de razonarlo. Es increíble cómo todos los impulsos de un mismo género se sienten igual, en mayor o menor escala, y significan cosas diferentes. Como cuando te duele el pecho de odio o tenés maripositas en la panza de amor. No pensás "Ah, es un imbécil por tatata" o "Ah, me fascina cuando blablabla". Sólo pasa. Y en un idioma mudo.

Ahora bien, sabiendo diferenciarlos, es más fácil saber cuándo y qué hacer con ellos. Lo que viene del cerebro hay que resolverlo con el cerebro. Ninguna novedad. Siempre funcionó, siempre funcionará. ¿Te quedaste encerrado en el baño? ¿Vas a ir al supermercado? Cerebrocerebrocerebro. Y nada más.
La gran innovación que les traigo viene para facilitar la solución de los "otros" estímulos. Consiste en, justamente, pasar estos problemas del sector conflictivo al sector que está bajo control. Digamos, en pocas palabras, hacerle resolver al cerebro lo que pasa en el corazón.
Sí, suena imposible. Probablemente lo sea, pero por lo menos como placebo funciona. Obviamente no es cuestión de ponerse de acuerdo con uno mismo y decir "Voy a razonar". Nunca funcionó, nunca funcionará. Las historias de ex parejas llamándose entre sí de la absoluta nada o amigos reventándose a trompadas son la prueba. El secreto es...
Escribir.
Y no cualquier pelotudez, como yo; sino hacer de medium entre los sentimientos y el papel o teclado. De alguna misteriosísima forma, los dolores de cabeza y las ganas de explotar se van traduciendo en palabras. Y... Hey, ¡a las palabras las sabemos leer! Cuesta aprender, eso sí.
Una vez que terminó el lloriqueo virtual, releés. Y ahora que lo ves en el papel... ¿no te hace acordar a cualquier otro problema en tu vida? ¿No está increíblemente más claro? Como darle consejos a alguien, sentirte aunque sea un poco más ajeno.
¿Sirve? ¿No sirve? Mejor que nada.
Todo esto no va (especialmente) dirigido a las personas que ya hacen algo con el papel. Escritores, pintores, literarios, pirómanos, quiénes sean. Aclaro.
Ojo, que dejarse llevar por las pasiones también puede ser increíble. No digo nada en contra de eso, sólo (me) recuerdo que existen otras opciones. A mí me ayuda a dormir tranquilo, personalmente. ¿Problemas? Pum, al papel. Cabeza desocupada. Dormir.
Y hablando de sentimientos, he encontrado una forma espectacular de burlar las mañitas que vienen del corazón. Por lo menos por ahora.
Primero hay que diferenciar lo que sale de la cabeza de lo que sale del pecho. Los estímulos son distintos. Sí, distintos. La diferencia principal es que a unos (los de arriba) se los puede escuchar, se los puede describir. Tener ideas o pensar en cosas se puede pasar a palabras sin mínimo problema. Se podría decir que uno las "escucha" de alguna forma cuando suceden. Piensen en la última vez que resolvieron un problema. Con números, por ejemplo. Prestando atención... "La raíz de X la paso para el otro lado como potencia, ahora a Y la vuelvo y la sumo con blablabla". Entendiste.
En cambio, lo que viene de adentro no tiene explicación. No hay forma de razonarlo. Es increíble cómo todos los impulsos de un mismo género se sienten igual, en mayor o menor escala, y significan cosas diferentes. Como cuando te duele el pecho de odio o tenés maripositas en la panza de amor. No pensás "Ah, es un imbécil por tatata" o "Ah, me fascina cuando blablabla". Sólo pasa. Y en un idioma mudo.

Ahora bien, sabiendo diferenciarlos, es más fácil saber cuándo y qué hacer con ellos. Lo que viene del cerebro hay que resolverlo con el cerebro. Ninguna novedad. Siempre funcionó, siempre funcionará. ¿Te quedaste encerrado en el baño? ¿Vas a ir al supermercado? Cerebrocerebrocerebro. Y nada más.
La gran innovación que les traigo viene para facilitar la solución de los "otros" estímulos. Consiste en, justamente, pasar estos problemas del sector conflictivo al sector que está bajo control. Digamos, en pocas palabras, hacerle resolver al cerebro lo que pasa en el corazón.
Sí, suena imposible. Probablemente lo sea, pero por lo menos como placebo funciona. Obviamente no es cuestión de ponerse de acuerdo con uno mismo y decir "Voy a razonar". Nunca funcionó, nunca funcionará. Las historias de ex parejas llamándose entre sí de la absoluta nada o amigos reventándose a trompadas son la prueba. El secreto es...
Escribir.
Y no cualquier pelotudez, como yo; sino hacer de medium entre los sentimientos y el papel o teclado. De alguna misteriosísima forma, los dolores de cabeza y las ganas de explotar se van traduciendo en palabras. Y... Hey, ¡a las palabras las sabemos leer! Cuesta aprender, eso sí.
Una vez que terminó el lloriqueo virtual, releés. Y ahora que lo ves en el papel... ¿no te hace acordar a cualquier otro problema en tu vida? ¿No está increíblemente más claro? Como darle consejos a alguien, sentirte aunque sea un poco más ajeno.
¿Sirve? ¿No sirve? Mejor que nada.
Todo esto no va (especialmente) dirigido a las personas que ya hacen algo con el papel. Escritores, pintores, literarios, pirómanos, quiénes sean. Aclaro.
Ojo, que dejarse llevar por las pasiones también puede ser increíble. No digo nada en contra de eso, sólo (me) recuerdo que existen otras opciones. A mí me ayuda a dormir tranquilo, personalmente. ¿Problemas? Pum, al papel. Cabeza desocupada. Dormir.

